Vallejo, en lengua castellana, quiere decir una valle pequeño. Si llegamos al Valle de Mena procedentes de Bilbao, en Villasana, el principal de sus pueblos, tomaremos a la izquierda un camino en buen estado que parece se adentra hacia la Sierra Magdalena.
A pesar de que la iglesia de San Lorenzo de Vallejo se encuentra muy cerca del camino y en una pequeña altura, no la vemos hasta llegar encima. Hace falta separarse del camino y, por entre las casas del pueblo, subir un pequeño repecho. Muy pronto se nos echa encima el curioso ábside de San Lorenzo. Los haces de columnas dan una sensación de robustez y de elegancia. Unos arquillos lombardos que rodean el ábside por encima de las ventanas románicas, prestan una gracia muy delicada al conjunto. En capiteles, soportes y modillones, se advierte bastante escultura. Pero ya aquí mismo, desde el ángulo nordeste de la iglesia, y sin alcanzar aun el nivel del ábside, nos damos cuenta de que no toda la construcción responde a estas primeras características que descubrimos en la obra. Hay algo que parece truncado. Los grandes fascios laterales de diez columnas, son indudablemente una base llamada a sustentar mayor altura y peso. Y la obra no completa deja una sensación de ruina. El resto de la iglesia es de calidad muy distinta. Se ve claramente que el ábside es el conato de un gran templo, que por razones ignoradas no se llego a completar.
Cuenta con tres puertas de acceso. Las tres denuncian por su arco apuntado que son ya de un periodo de transición. Pero su escultura es muy románica. Las que se abren por los frentes norte y sur de la iglesia son de sobria decoración. En cambio la puerta occidental, abierta al pie de la nave, luce una talla fuerte y expresiva.
El interior ofrece una primera sensación de solidez y fuerza. Poca luz. Se acusa una diferencia entre los tramos de nave y el ábside. La nave es más ancha, pero el estilo es mas unido en el interior, lo que nace de que también en la nave los arcos se apoyan en haces de columnas que aunque no son tan monumentales como los del ábside, sin embargo mantienen el mismo tono a la construcción.
El ábside de San Lorenzo luce todo su carácter monumental cuando subimos por la pequeña cuesta empinada y breve que parte de las orillas de Cadagua. La estructura es sencilla, pero resuelta con lujo de elementos arquitectónicos. Sobre un zócalo de fuertes sillares de metro y medio de altura, se alzan ocho soberbios pilares formados por verdaderos haces de columnas. Cuatro de esos pilares, que corresponden al tambor semicilíndrico del ábside propiamente dicho, constituyen un verdadero primor de estilo y de elegancia. Los cuatro restantes, dos por cada lado, encuadran propiamente el tramo recto que precede al ábside: el presbiterio de la capilla mayor. Estos pilares son fuertes y complicados. Este ábside es la gran originalidad de San Lorenzo de Vallejo.
Son cinco las ventanas del ábside y otras dos un poco mas ornamentadas, en los paños que corresponden a su tramo recto. De las cinco del ábside, solo la central penetra en el muro y las cuatro restantes son ciegas, puramente ornamentales, con un solo arco sostenido por columnitas con sus capiteles correspondientes. En cambio las ventanas del tramo recto son de aspillera, muy abocinadas, llevan doble arquivolta sostenida por los pares de columnas.
La escultura es fuerte y más bien tosca. Todas las columnas, que son muchas, llevan su capitel. Las tres portadas de San Lorenzo de Vallejo son coetáneas, tiene los arcos ligeramente apuntados, por lo que cabe situarlas ya dentro del siglo XIII. Responden al tiempo en que se completo la iglesia. Cuando menos los muros fundamentales y la nave hasta la altura de los capiteles de sus columnas, pues las bóvedas de estas mismas naves tienen aun más acusada influencia ojival.

Otros:

  • iglesia de san lorenzo vallejo
  • FriendFeed compartir
  • Facebook'compartir
  • Twitter'compartir
  • Related post

    Loading...

    Sin comentarios.

    Tema: Wordpress